Después de la visita del Papa Francisco a Colombia

Luis Daniel Londoño

Mínimos éticos para un Estado social de derecho

La visita apostólica del Papa Francisco no sólo compromete de una forma más decidida a los católicos a dar razón de nuestra alegría y nuestra esperanza; su mensaje debe causar un impacto real en la sociedad colombiana. Si bien es cierto que los destinatarios directos son los creyentes, entre ellos muchos cristianos y miembros de otras religiones, que vieron con buenos ojos su visita, es importante señalar que la semilla sembrada se esparce por toda Colombia, un país que ha vivido tantos años de violencia y en el que se hace necesario crear un atmosfera de confianza, de encuentro y de diálogo para poder dar el primer paso al perdón y a la reconciliación.

¿Cómo interpretar los mensajes del Papa Francisco en un Estado social de derecho?

Aunque el Papa es un líder espiritual con incidencia mundial, sus mensajes interpelan las realidades particulares de cada país y dan luces para encontrar salidas, ante las diversas situaciones de conflicto que afectan la dignidad humana y sus derechos fundamentales, entre ellos el derecho a la vida y a la paz.

En un Estado social derecho en el que hay diversidad de confesiones religiosas y comunidades de fe, sería importante dar el primer paso a los mínimos éticos, que no solamente implicarían a los creyentes, sino a la sociedad en general para empezar a reconocernos como miembros de una Nación y ciudadanos de una Patria en la que todos debemos convivir en armonía, creyentes y no creyentes. Los mínimos éticos son acciones concretas que se pueden hacer realidad en la vida cotidiana. En esta primera entrega les compartiré dos mínimos éticos.

Primer mínimo ético: Dar el primer paso, a un sentido de respeto y pertenencia a una Colombia con su riqueza natural, cultura y humana.

Para hacer referencia a este primer mínimo ético, retomo el mensaje del Papa Francisco en el encuentro con las autoridades, el cuerpo diplomático y algunos representantes de la sociedad civil.

Sin duda alguna que esta Colombia que describe el Sumo Pontífice, es de todos: “Colombia es una Nación bendecida de muchísimas maneras; la naturaleza pródiga no sólo permite la admiración por su belleza, sino que también invita a un cuidadoso respeto por su biodiversidad. Colombia es el segundo País del mundo en biodiversidad y, al recorrerlo, se puede gustar y ver qué bueno ha sido el Señor (cf. Sal 33,9) al regalarles tan inmensa variedad de flora, fauna en sus selvas lluviosas, en sus páramos, en el Chocó, los farallones de Cali o las sierras como las de Macarena y tantos otros lugares. Igual de exuberante es su cultura; y lo más importante, Colombia es rica por la calidad humana de sus gentes, hombres y mujeres de espíritu acogedor y bondadoso; personas con tesón y valentía para sobreponerse a los obstáculos”. Este texto no requiere comentario alguno, habla por sí solo.

Segundo mínimo ético: Dar el primer paso a la “cultura del encuentro”.

Favorecer la cultura del encuentro se constituyó en un concepto recurrente del Papa en sus diversos mensajes. Este encuentro, como un mínimo ético, es válido para creyentes y no creyentes. Después de resaltar la riqueza natural, cultura y humana de Colombia, y tras hacer referencia a los esfuerzos de paz de los diferentes gobiernos, expresó: “… persistir en la lucha para favorecer la cultura del encuentro, que exige colocar en el centro de toda acción política, social y económica, a la persona humana, su altísima dignidad, y el respeto por el bien común. Que este esfuerzo nos haga huir de toda tentación de venganza y búsqueda de intereses sólo particulares y a corto plazo. Oíamos recién cantar: «Andar el camino lleva su tiempo». Es a largo plazo. Cuanto más difícil es el camino que conduce a la paz y al entendimiento, más empeño hemos de poner en reconocer al otro, en sanar las heridas y construir puentes, en estrechar lazos y ayudarnos mutuamente (cf. Exhort. ap. Evangelii Gaudium, 67).

Sobre este mínimo ético, tan sólo debo afirmar que la tarea de sanar heridas y construir puentes, estrechar lazos y ayudarnos, no es una misión exclusiva de personas creyentes, es un aspecto que está a la base en la construcción de un Estado social de derecho que sea capaz de garantizar esa “cultural del encuentro” y el bienestar de los ciudadanos. De ahí que sea urgente desterrar la venganza

En una próxima entrega seguiré compartiendo la diversidad de mínimos éticos que surgen de los mensajes de la visita del Papa Francisco a nuestro país y que nos ayudarán tener una conciencia clara de nación, enmarcada dentro de un humanismo integral. Dar el primer paso es responsabilidad ética de cada uno.

Por Luis Daniel Londoño, teólogo católico, escritor y comunicador.

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