Obispos: Por Mario Madrid-Malo Garizábal

Madrid-Malo Garizábal

Según narra en su libro Discursos san Gregorio de Nacianzo, bajo el reinado de Valente Flavio —monarca del imperio romano oriental entre los años 364 y 378— un aristócrata de nombre Modesto, prefecto de Cesarea de Capadocia, fue enviado por el emperador a la catedral de la ciudad. La visita del funcionario tenía por objeto intimidar a san Basilio, el principal pastor católico del país, que censuraba de modo abierto la política gubernativa de apoyo a los disidentes arrianos (seguidores de Arrio, negador de la divinidad de Cristo). Viendo que Basilio respondía con palabras firmes y decididas a sus amenazas de tortura y destierro, Modesto se creyó en la obligación de reconocer: “Nadie se atrevió antes a dirigirse a mí con tal libertad”. A lo cual dijo su interlocutor: “Es que nunca te habías encontrado con un obispo”.

Un obispo (del griego episkopos y del latín episcopus = vigilante, inspector, superintendente) es el clérigo católico que ha recibido el episcopado. Todo obispo es un sucesor de los apóstoles por divina institución y está constituido como maestro doctrinal, portador de la plenitud del sacerdocio en el culto sagrado y ministro al cual se confía la tarea de regir el rebaño de Cristo.

También hay obispos válidamente ordenados en las iglesias disidentes que siguen las tradiciones orientales (alejandrina, antioquena, armenia, bizantina y caldea) y en algunas iglesias católicas no romanas del mundo occidental. Por el contrario es dudosa la validez de las ordenaciones episcopales hechas en las comunidades eclesiales de tradición anglicana.

En el derecho canónico el colegio episcopal es el que, encabezado por el papa, integran todos aquellos clérigos en los cuales se cumplen dos condiciones. La primera, haber recibido válida y lícitamente la ordenación o consagración episcopal. La segunda, estar en comunión jerárquica con el sumo pontífice y con los demás miembros del mismo cuerpo.

En la normativa canónica se distingue entre el obispo diocesano, el obispo titular, el obispo auxiliar, el obispo coadjutor y el obispo dimisionario.

Se da el nombre de obispo diocesano al que tiene encomendados el gobierno y la atención pastoral de una diócesis. Al obispo diocesano se le llamaba en otros días obispo residencial.

Un arzobispo es el obispo a cargo de una circunscripción diocesana de jerarquía metropolitana que encabeza determinada provincia eclesiástica. Así, por ejemplo, la arquidiócesis de Bogotá tiene como diócesis sufragáneas —dependientes— las de Engativá, Facatativa, Fontibón, Girardot, Soacha y Zipaquirá).

Se llama obispo titular al obispo que no es diocesano. El obispo titular puede tener asignada una diócesis que ya desapareció —antes denominada in partibus infidelium = en tierra de infieles— o conservar el título de dimisionario de la diócesis a cuyo gobierno renunció.

Se llama obispo auxiliar al obispo titular que coopera con el obispo diocesano en el gobierno de una diócesis, estando a veces dotado de facultades especiales. Este obispo lo nombra la Santa Sede, a petición del propio diocesano o por existir circunstancias graves que así lo aconsejen. A diferencia del obispo coadjutor, el auxiliar no tiene derecho a la sucesión. En una misma diócesis puede haber varios obispos auxiliares.

Un obispo coadjutor es el obispo titular que como cooperador inmediato del obispo diocesano lo ayuda en el gobierno de la diócesis, para lo cual se le dota de facultades especiales. Este obispo es nombrado por la Santa Sede cuando así lo aconsejan las necesidades pastorales de una iglesia particular. El obispo coadjutor tiene derecho a suceder de modo automático al diocesano cuando la sede quede vacante.

Un obispo dimisionario es el que ha renunciado al gobierno de su diócesis. También se le llama obispo emérito. El derecho canónico vigente ruega al obispo diocesano renunciar cuando haya cumplido los 75 años, o cuando por enfermedad u otra causa grave disminuya su capacidad para desempeñar el oficio

También tienen carácter episcopal el obispo castrense, el administrador apostólico, el vicario apostólico y el prelado territorial.

Se denomina obispo castrense —más técnicamente designado como ordinario castrense u ordinario militar— al prelado a cargo de una circunscripción eclesiástica peculiar, canónicamente asimilada a las diócesis, a la cual corresponde la atención pastoral de los fieles que hacen parte de las fuerzas armadas de un país, y de las familias de aquéllos. El obispo castrense es nombrado por el Romano Pontífice y goza de todos los derechos de los obispos diocesanos. Su jurisdicción es personal, ordinaria, propia y cumulativa con la del obispo diocesano, y la ejerce primaria y principalmente en las guarniciones y demás lugares reservados a los miembros de la fuerza pública. El obispado castrense debe ser llamado, con mayor propiedad, ordinariato militar o castrense.

Es administrador apostólico el clérigo —por lo general un obispo, en ocasiones un presbítero— que en nombre del Sumo Pontífice rige y atiende pastoralmente una administración apostólica constituida con carácter estable. Ésta es una determinada porción del pueblo de Dios no erigida en diócesis por razones especiales y de particular gravedad. Tales razones pueden obedecer a causas de tipo disciplinario, a cambios en los límites de un país con otro, o a dificultades de carácter político.

También se denomina administrador apostólico al clérigo de condición episcopal a quien el Papa confía el gobierno transitorio de una diócesis cuya sede ha quedado vacante, para que la rija en nombre de la Santa Sede. En excepcionales ocasiones el administrador apostólico es nombrado sin que la sede respectiva esté en situación de vacancia, y en tal caso el derecho eclesial habla de sede plena (sede llena u ocupada).

Un prelado territorial es el clérigo a quien se le encomienda, en virtud de circunstancias especiales y por lo común dentro de un país de misiones, la atención de una determinada porción del pueblo de Dios, territorialmente delimitada —una especie de cuasidiócesis— para que la gobierne como su pastor propio, de la misma manera que un obispo diocesano. Al prelado, generalmente, se le confiere la consagración episcopal. En el hoy derogado Código de Derecho Canónico de 1917 a este tipo de circunscripción eclesiástica se le denominaba prelatura nullius dioecesis, para indicar que no dependía de diócesis alguna, sino de la Sede Apostólica.

Un vicario apostólico es el obispo titular que gobierna, en nombre del Papa, una circunscripción eclesiástica, por lo general ubicada en tierra de misiones, que en virtud de circunstancias peculiares todavía no se ha constituido como diócesis.

Y, por último, los vaticanólogos —no los canonistas— usan la expresión “obispo vago” para referirse al clérigo que recibió la consagración episcopal sin mandato apostólico (esto es, pontificio) y por ello carece de diócesis residencial o titular. Son “obispos vagos”, por ejemplo, los cuatro fanáticos integristas que Marcel Lefebvre consagró en acto cismático: Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallarais,Alfonso de Galarreta y Richard Williamson. Este último, rechazado por los cómplices de aventura cismática a causa de sus actitudes extremistas, ordenó como obispo en 2015 al padre Jean Michel Faure, quien fue lugarteniente de Lefebvre en Sudamérica.

Mario Madrid-Malo Garizábal

Vaticanólogo

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