¿Grafiti como arte? Por: Diego Molano

Diego Molano

En los últimos años las calles de Bogotá se han llenado de grafitis. Para una inmensa mayoría lo que se ve en muros, fachadas de las casas y sitios de comercio o en cualquier pared medio libre son firmas y “mamarrachos”. Sin embargo, cuando se pasa por debajo de los puentes de la calle 26 o por los muros laterales de los edificios de la calle 13 con carrera 10, se observan unos murales espectaculares que embellecen la ciudad.

¿Cuándo un grafiti es arte urbano? ¿Cuándo es vandalismo? Esa es la pregunta que se hacen muchas personas puesto que, en varios sectores deteriorados de la ciudad, lo que se ven son rayones o firmas que afean la ciudad e incrementan la sensación de inseguridad.

El grafiti ha emergido en tiempos recientes como una corriente de arte urbano. Son muchos los jóvenes que buscan expresar su visión de la vida en los muros y espacios de la ciudad. Allí ha nacido una expresión artística, no muchas veces entendida pero que merece ser estudiada e inclusive incorporada en la concepción de la cultura urbana moderna.

En algún estudio realizado en Bogotá se señalaba que había distintos tipos de grafiti: El contestario, asociado a movimientos sindicales o reivindicacionistas; el barrista, asociado a las expresiones de las barras de fútbol; el de arte urbano y también el de rayado o firmas. Seguramente habrá muchas más si se examina cada rincón de la ciudad y cada barrio y se encontrarán expresiones diferentes.

En Bogotá el fenómeno ha crecido de forma inédita, de hecho algunas revistas califican a la ciudad como la sexta más importante en el mundo en donde se promueve el grafiti como arte. Hay ya recorridos turísticos del grafiti, no solo en el centro de la ciudad, sino en la zona industrial y en el sur.

Uno de los más recientes y llamativos se dio en todo un barrio del sur denominado, los Puentes, localidad de Rafael Uribe. En estas zona las casas fueron pintadas formando un gran mural alegre e incluyente. Otro sector, el Codito en el Norte de la ciudad, también se observan expresiones similares en varios barrios de los cerros orientales. Ese es el grafiti que une e integra el arte con la comunidad y permite transformar los imaginarios colectivos para contribuir a su recuperación social.

En el mundo, el grafiti como arte, se ha incorporado como un instrumento de recuperación urbana. Un ejemplo muy conocido y exitoso ha sido el creado en Miami (EEUU) donde se encuentra “Winwood Walls” , una zona antigua de bodegas que ahora es un distrito artístico alrededor del grafiti, con pinturas realizadas por los mejores grafiteros del mundo que han plasmado sus obras en los muros de las antiguas bodegas. Hoy ese lugar se convirtió en un destino turístico con restaurantes y galerías de arte.

Bogotá inaugura esta semana en la zona industrial de Puente Aranda su primer Distrito de arte urbano. Una apuesta para apoyar el grafiti como expresión artística.

El grafiti es arte cuando se hace en los sitios permitidos y establecidos, pero cuando se hace sobre el mobiliario urbano, en fachadas de la casas, sobre los puentes peatonales o estaciones de Transmilenio, y este no ha sido autorizado, se le puede calificar vandalismo y la autoridades deben ser estrictas en no permitir y sancionar este tipo de comportamientos. El nuevo Código de Policía establece las sanciones pedagógicas y pecuniarias cuando se el grafiti se da en esa situación.

El grafiti se le debe considerar arte en la medida que expresa una nueva visión urbana de toda una generación, no se debe calificar por lo bonito que nos parezca o no, sino por la línea de expresión que representa. Sin embargo, debe ser absolutamente claro y contundente por parte del Estado; sí un grafiti es pintado en un bus de Transmilenio, como el de hace unas semanas; por más expresivo e innovador que fuera, es vandalismo y debe ser penalizado.

No se puede permitir que sigan proliferando en la ciudad rayones o pinturas vandálicas en sitios no permitidos. Más bien se deben crear cientos de sitios de grafitis autorizados, en donde los jóvenes grafiteros, en conjunto con el Distrito Capital, definan unas reglas de comportamiento y respeto para que florezca y se apoye su arte, pero también para que se respete a la ciudad.

En los sitios no permitidos deberían emprenderse jornadas de embellecimiento y limpieza de las fachadas, en donde la misma comunidad se involucre y vuelva a tomar confianza de que su muro, su puerta no va a ser vandalizada o que si quiere autorizar, que un grafitero use y embellezca de forma concertada su fachada, lo pueda hacer.

El grafiti es arte si se da en sitios autorizados, es vandalismo cuando se hace en sitios no autorizados . Así de sencillo.

Diego Molano

Concejal de Bogotá

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