MOMENTOS DE LA POLITICA

MOMENTOS DE LA POLITICA

De forma incomparablemente bella el libro del Eclesiastés señala que hay momentos para cada actividad: Hay tiempo para nacer y un tiempo para morir… Un tiempo para destruir y un tiempo para construir… Un tiempo para intentar y un tiempo para desistir… Y así otros cuantos versos maravillosos.

En la política es igual: hay un momento de lucha por el poder y hay otro momento que es el de gobernar. El profesor Duverger hablaba de tiempos de antagonismo y tiempos de integración.

Quienes tratan de alcanzar los cargos de gobierno viven en tiempo de antagonismo. Por eso se entiende que la oposición sea irresponsable, que prometa ríos de leche y miel y que censure con acritud y falsedades las actuaciones del mandatario de turno.

Pero el Presidente – quien triunfó en las elecciones – ya no está en tiempo de antagonismo sino de integración.

Lo primero, entonces, es que está obligado – si es un hombre de buen juicio- a gobernar para todos los colombianos incluidos aquellos que lo odian y que querrían – estúpidamente- verlo fracasar. Y tiene que oírlos a todos sin excepción, porque el hecho de haber ganado no significa que por eso queda investido del don de la infalibilidad, que es lo que muchos gobernantes creen. Y tampoco queda facultado para imponer sus ideas o su criterio a la brava porque eso es precisamente lo que conduce a la famosa polarización, que es lo que buscan sus adversarios, para tener excusas para aspirar a derrocarlo por antidemocrático.

Un Presidente inteligente no “gobierna con sus amigos” (que es lo que muchos desean que haga) sino con las personas más capaces, escogidas incluso de entre quienes fueron sus contendores en la lid electoral. El gobierno no es para beneficiar correligionarios con puestos y contratos, sino para servir a todas las gentes y administrar el presupuesto nacional de la manera como mejor convenga a todos.

Un gobernante sabio no atropella a la oposición imponiendo sus pretendidas mayorías o su poder normativo, sino que convence y, si es necesario, negocia, hace transacciones. Aunque eso parezca una falta de carácter es todo lo contrario: eso se llama inteligencia. Incorporar al programa propio las tesis de los oponentes y sus propuestas es quitar excusas para la oposición sistemática e incendiaria.

Veo con mucho desasosiego el enfrentamiento agrio e intransigente que se propaga por toda América Latina entre izquierda y derecha, socialismo o capitalismo. Los partidarios de una y otra doctrina pretenden imponerla a los palazos sin importar que en el intento destruyan todo lo que se ha construido durante décadas. Yo me horrorizo cuando oigo que hay que cambiarlo todo. Eso es insensato. Tenemos que mejorar los asuntos que no funcionan sin arrasar con todo lo existente. Cuando se daña el calentador de agua o se agrieta una pared, no se demuele una casa sino que se reparan los daños. Los buenos gobiernos necesitan usar la izquierda para favorecer a los más necesitados y derecha para procurar orden y crecimiento económico. Si un automóvil se conduce siempre a la izquierda o a la derecha inevitablemente se llegará al punto de partida..

Soy consciente que es mucho pedir a nuestros dirigentes que entiendan estas cosas porque a ellos lo único que les interesa es derrotar al adversario, sin importarles si en ese propósito destruyen el país. Pero los ciudadanos del común debemos ser conscientes de que lo que hay, bueno, regular o malo, se ha hecho durante muchos años con el dinero de nuestros impuestos y que sin importar quien haya ganado unas elecciones lo que necesitamos no son ideologías intransigentes, sino buena administración de los recursos públicos. Eso es lo que debemos exigir.

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