El drama de las bicicletas

Bogotá cuenta con cerca de un millón de bicicletas activas que se movilizan por los cuatro puntos cardinales de la ciudad. Desde luego que esta iniciativa surgida de la primera alcaldía de Peñalosa ha sido impulsada por todos los alcaldes sucesores, al punto que hoy se aproxima a 600 kilómetros de ciclo rutas. Los ciclistas gozan de enorme respaldo de las autoridades con muchas preferencias y eso está bien, puesto que como transporte alternativo es una solución maravillosa, económica, ecológica y conveniente a la salud.

Pero como muchas cosas en las medidas que se toman van desbordándose, esto también se ha convertido en un preocupante problema, pues la habilitación de vías complementarias para bicicletas, suprimiendo un carril vehicular de vías principales y alternas, presenta un drama al transporte motorizado, unido a lo anterior la explosión de motos que congestionan el precario trafico de la capital.

Bogotá estadísticamente tiene unos dos millones de vehículos entre carros, buses, camiones, etc., más unas 500 mil motocicletas, es decir ¡dos millones quinientos mil automotores!, dos veces y medio más que bicicletas; entonces esas ciclo rutas improvisadas que han habilitado en muchas vías impropias como la avenida Suba, la 116, la calle 13 al occidente, la carrera 11 al sur, la carrera 16 al norte y varias más se han convertido en grave inconveniente, pues aparte que disminuyen significativamente el flujo vehicular, provocan accidentes y muertes. Esos elementos separadores naranjas que son grandes e incomodos, sirven más de estorbo que de utilidad al tráfico, pues muchos de los ciclistas se salen de su ciclo rutas para invadir peligrosamente la vía vehicular.

Es increíble que a los ojos de las autoridades el ciclista tiene una patente de corso, pues sin medidas de seguridad, a altas velocidades, en contravía muchas veces, sin cumplir los pares reglamentarios, zigzagueando entre los carros, muchos de ellos sin utilizar cascos ni medidas protectoras, teniendo ciclorutas habilitadas, inclusive poco utilizadas como en la avenida Boyacá, calle 80 y otras vias, estos prefieren pedalear temerariamente entre los vehículos y motos sin importarles su seguridad, ocasionado accidentes diariamente. Pero a ellos las autoridades no los corrigen ni sancionan, tampoco reglamentan su movilidad. Los ciclistas gozan de total impunidad infractora y en caso de accidente, la gran mayoría por imprudencia de ellos, son los conductores de vehículos quienes terminan responsabilizados y sancionados.

No se trata de decir que el uso de la bicicleta sea malo, lo contrario es benéfico, pero el riesgo por abuso, la ausencia de responsabilidad, la falta de reglamentación y control de las autoridades, hace que se convierta en un medio de transporte peligroso y fastidioso para la movilidad vehicular, que de hecho ya está muy restringida con el pico y placa.

Pero también las bicicletas se han convertido en blanco de la delincuencia, mensualmente se roban unas mil en Bogotá, registrando algunos crímenes por este hecho, total que un estupendo medio de movilidad por falta de cultura ciudadana y control de las autoridades, se está convirtiendo en un problema.

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