¿Por qué hacen del “Centro” una cosa tan desabrida?

¿Por qué hacen del “Centro” una cosa tan desabrida?Resulta que estamos metiéndonos en la moda del “Centro”, y a punto de montarle partido político, pero eso de centro, así no más, no basta como planteamiento

Por esa costumbre tan arraigada que tenemos los colombianos de meternos en oleadas políticas como si se tratara de auténticas modas, sin discutirlas ni ponerlas en tela de juicio so pena de quedar “out”, resulta que ahora estamos metiéndonos en la moda del “Centro”.

Y no es de extrañarse del todo.

Era apenas obvio que un fenómeno tan desbordante y abrasivo como la moda en una sociedad de consumo también terminara por contagiarle algunos de sus cromosomas al ADN de la política.

Lo que pasa es que aunque esta actitud la hemos percibido en la mayoría de países de Occidente, está claro que no es fácil encontrarla con tanta irracionalidad como en Colombia. Aquí se ha llegado a extremos tales como que a cada moda le montamos un partido político y después, cuando pasan las modas, no sabemos qué hacer con ellos.

Cuando el gran fenómeno era Uribe y a nadie se le ocurría acercarse a un proceso electoral por fuera de su sombrilla, no faltaron los genios a quienes se les ocurrió crear el partido de la “U” para que desde su primera sigla no cupiera la menor duda de su “lealtad” ideológica. Al cabo del tiempo, cuando ni el propio Uribe cupo en la “U”, quedó el partido vivito y convertido en un caparazón electoral aún cuando nadie sepa muy bien cuál es su razón de ser.

Algo parecido ocurrió cuando el caballito de moda era el “cambio”. Todo el que hacía política quería mostrarse como la verdadera garantía del cambio. Fue así como a esa moda también le montaron un partido, esta vez llamado “Cambio Radical”, caso en el que también resulta curioso observar que sus fundadores terminaron actuando en distintos partidos, menos en Cambio Radical. Una vez más, pasada la moda, el partido sigue teniendo vigencia electoral, eso sí: sin procurar ningún cambio ni proponer nada que pueda considerarse radical.

Hubo otro momento en el que la megatendencia dictaba que había que ponerlo todo en blanco y negro, que había que recabar en las diferencias, en separar lo bueno de lo malo, lo bonito de lo feo, el oro de la escoria; fue entonces cuando la izquierda se congregó en un nuevo partido que dieron en bautizar “Polo” Democrático Alternativo. Claro, como suele suceder con las izquierdas, aún antes de que pasara la moda ya se habían dividido varias veces y los odios intestinos lo habían medrado hasta el punto de invalidarlo para las grandes apuestas políticas.

Distintos partidos buscan congregarse en una opción de “centro” y algunos precandidatos formatear una consulta entre “centristas” para llegar unidos “como centro” a las presidenciales

En fin, ahora que está poniéndose de moda el “Centro” no me sorprendería que estemos a punto de asistir al alumbramiento de un nuevo partido. De hecho, esta semana el Presidente Duque se autodefinió como extremo-centrista y de ahí en adelante no dejan de aparecer noticias de parlamentarios de distintos partidos que buscan congregarse en una nueva opción de “centro” y de precandidatos que quieren formatear una consulta entre los “centristas” para llegar unidos “como centro” a las presidenciales.

No obstante, tampoco de trata de despreciar la intención de los nuevos adalides del “centro”. Ellos intentan básicamente dos cosas: superar la pugnacidad visceral de la polarización política actual y hallar planteamientos que conciten amplios consensos que saquen la discusión de los radicalismos tanto de la izquierda como de la derecha. Sin lugar a dudas, esa búsqueda tiene validez en el presente político y apunta a algo tan rescatable como no correr riesgos que nos expongan a tragedias como la de Venezuela. Y eso hay que mirarlo con mucha atención.

Pero qué bueno sería que a los dirigentes políticos actuales no se les olvidara volver a conjugar la palabra Democracia. Eso del Centro, solo, así no más, no basta como planteamiento. Es urgente entender que lo que tenemos amenazada es la democracia y que es en su defensa que tenemos que salir al paso.

La Democracia es un acumulado histórico que los colombianos tenemos que defender y desarrollar. Podría decirse que la historia de Colombia es la lucha de un pueblo por la conquista de su democracia, a veces avanzando y a veces retrocediendo, pero siempre tras de ella.

Si a ese Centro que hoy los seduce tanto no le incorporan los contenidos y las pedagogías que impliquen un gran avance en nuestra democracia, eso quedará como otra experiencia desabrida y sin mayor sentido, como un tema para geómetras y tecnócratas y no para historiadores.
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