Con el 3,5% de incremento en el mínimo se repite el ritual de cada año

Con el 3,5% de incremento en el mínimo se repite el ritual de cada año Desde la expedición de la ley que creó la Comisión Nacional de Concertación en 1997, de carácter tripartito (gobierno, empresarios y trabajadores), se ha realizado, concertación en solo 8 oportunidades alrededor del tema del salario mínimo. En las 17 restantes, los trabajadores representados en las centrales obreras y las confederaciones de pensionados han visto como fracasa dicho instrumento.

Este año dicha comisión de concertación nuevamente fracasa.

En esta ocasión se desarrolló el debate en medio de una excepcional situación mundial y del país, reflejada en una profunda recesión económica agudizada por la pandemia del Covid-19, que ha derivado en una pérdida de ingresos de los hogares y una caída estruendosa del empleo.

En Colombia se ha perdido $34 billones de ingresos en los hogares hasta octubre. El descenso en el PIB rodea un -8% y la tasa de desempleo ronda en 16%.

Los trabajadores por tal circunstancia no solo llevamos una propuesta de incremento en el salario mínimo de un millón de pesos(14%) y $120.000 de auxilio de transporte, sino que adicionalmente propusieron una renta básica, subsidios a las nóminas de las mipymes, incremento de las pensiones no con el IPC sino con el valor del salario mínimo y derogatoria del unilateral y regresivo decreto 1174.

Todas estas peticiones tiene como objetivo recuperar los ingresos de la población para así emprender una rápida reactivación económica y del empleo.

Los empresarios contestaron con un irrisorio 2,7% de incremento para el mínimo y el gobierno respondió que la renta básica era el insuficiente ingreso solidario de escasísimos $160.000 para solo 2,5 millones de familias y que el subsidio a las nóminas era el programa de apoyo al empleo formal (PAEF) del cual como lo informó el mismo gobierno la mitad de dicho subsidio $1,6 billones de pesos lo habían recibido las grandes empresas, dejando a su suerte a la inmensa mayoría de las mipymes y sobre los pensionados y el decreto 1174, informó que no habría modificación.

En conclusión, por parte del gobierno y los empresarios no hubo ninguna voluntad política para pensar que las circunstancias obligaban a pensar y actuar de otra manera. Los viejos modelos de la ortodoxia neoliberal fracasados, siguieron siendo los dictámenes para ellos.

Por consiguiente fracasó, en un momento trascendental del país, la posibilidad de concertar medidas que reactivaran la economía y el empleo, incluído el Salario mínimo.

El gobierno y los empresarios persistieron en la cantaleta neoliberal de ya más de 30 años, que los salarios y los derechos de los trabajadores no permiten crear empleos y que por consiguiente deben restringirse y en el mejor de los casos no realizar aumentos significativos.

Dado el hecho de no haber acuerdo entre las partes, el gobierno decretó el 29 de diciembre, de manera unilateral un irrisorio y miserable 3,5% de incremento en el mínimo, anunciando que si se le suma el auxilio de transporte el salario mínimo superaría el millón de pesos ($1.014.980), lo cual es un engaño, pues para todos los efectos de calcular un trabajo suplementario o las parafiscales se utiliza es el valor del salario básico que quedó en $908.426.

Los trabajadores al respecto debemos sacar como conclusión, que mientras sigan en el ejercicio de la presidencia y del congreso liderazgos típicamente neoliberales, el resultado va a seguir siendo muy deficiente para las mayorías del país y de los trabajadores. Habrá que poner el ojo en la oportunidad de las elecciones del 2022 para elegir un congreso mayoritariamente progresista y alternativo, así como un presidente del mismo talante. Para ello no debe repetirse el error del 2018 y por tal debemos llegar a la primera vuelta con un solo candidato y un programa común de las fuerzas alternativas.

*Fiscal general de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT
Twitter: fabioariascut
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