Una nueva oportunidad para las ciudades

Una nueva oportunidad para las ciudadesLas epidemias han acechado a las ciudades históricamente. Enfermedad, muerte, desolación, cuarentenas, pérdidas económicas y transformaciones sociales han dejado huellas imborrables en diversas épocas. Sin embargo, el Covid-19 nos llevó a enfrentar una realidad desconocida en 2019, pero con mayor crudeza en 2020. Una pandemia que atacó sin piedad, de forma simultánea, puntos extremos de la geografía mundial. Lo que muchas veces habíamos visto como parte de películas de ficción, sorpresivamente se hizo realidad con consecuencias catastróficas. Ciudades vacías, Unidades de Cuidado Intensivo a reventar, puestos de trabajo perdidos, escuelas y universidades cerradas, interacciones sociales limitadas y rotas, todo en una atmósfera de miedo.

Con impactos de diferente magnitud, las ciudades colombianas no fueron la excepción en la crisis. Fueron epicentro de una tragedia que golpeó, con fuerza y sin compasión, a amplios sectores de la población, pero principalmente a los más vulnerables. El Covid-19 sacó a la luz la desigualdad y la inequidad que se incubaron durante años en los cimientos de la ciudad ante la desidia de los políticos de turno, tanto de izquierda como de derecha. El discurso social, que tanto se pregonó durante años, no pasó de las palabras. Lo cierto es que personas y familias de ingresos medios, bajos e inexistentes de cara a una pandemia quedaron expuestas a los peores efectos sociales y económicos.

Y aquí quiero resaltar tres cosas. Primero, el compromiso y la rápida acción de muchos gobiernos locales impidieron que los efectos negativos fueran mayores. Fueron ellos los que lograron reorganizar las prioridades y las inversiones para, de forma solidara, responder a las presiones diarias de la pandemia. Fueron ellos los que, a pesar de las dificultades, atendieron enfermos, repartieron mercados, lideraron campañas de pedagogía y prevención e intentaron que los niños y niñas siguieran estudiando en una frágil virtualidad.

Segundo. Esta adversidad puede usarse como partidor de aguas. Es claro que como son administradas y como funcionan nuestras ciudades no son viables. Si no se priorizan realmente acciones y presupuestos para romper la inequidad y la desigualdad, se generan oportunidades para todos, y se transforme el espacio urbano en un aliado del cambio social, no habremos generado antídotos frente a nuevas crisis.

Tercero. Es evidente que los modelos que han orientado la planeación y gestión de las ciudades en las últimas décadas no dieron la talla. La idea de copiar proyectos, que tan común fue, ya sido desvirtuada. La crisis urbana evidenciada por el Covid muestra un espacio fundamental para que se exploren nuevos caminos y nuevas respuestas para responder a la nueva realidad. Claro, este es un debate que se viene dando desde la periferia, pero que necesita posicionarse en el centro de las discusiones sobre el futuro de las ciudades y de la participación del gobierno nacional. Estamos, quizá, frente a una posibilidad histórica de crear nuestro propio camino.

A pesar de los dolores de la pandemia, al final, dependiendo de cómo asumamos y nos preparemos para superarla, el Covid19 puede ser una nueva oportunidad para nuestras ciudades.

Pin It

Add comment


Security code
Refresh

BeckRTV.com