CEMENTERIOS EN LAS IGLESIAS COLONIALES DE LA CANDELARIA

Jaime Umaña Cuando llegan los españoles a nuestras tierras se encuentran con los aborígenes Muiscas, que hablaban el idioma Chibcha, y habían desarrollado su propia organización sociocultural, en especial, lo relativo al culto de los muertos. Siempre creyeron y creen que sus muertos se iban a otra vida como continuación de la actual. Era un viaje en el tiempo como prolongación del actual y por eso, eran enterrados con comida, agua y utensilios que incluían tunjos o estatuillas de oro. Nunca utilizaron áreas específicas y únicas de tierras para los entierros. Mas asombrados quedaron los conquistadores cuando oyeron que el Muisca no muere sino que está de viaje. Los monjes y sacerdotes con su doctrina enseñan que Cristo fue muerto pero resucitó de entre los muertos y que va a venir a juzgar a vivos y muertos. Es decir, son muertos dormidos a la espera de la resurrección de los muertos si han cumplido con los mandamientos.

Pero si eso es correcto ¿En dónde están los dormitorios para recibir a tantos dormidos? Los sacerdotes y los monjes introdujeron la práctica del enterramiento en las catedrales, iglesias, conventos y hospitales que “prestaban” los espacios para sepultar los cadáveres de los hijos de Dios y no dejarlos abandonados en sitios despoblados. El sustantivo “Cementerio” viene del griego KOIMITIRON, palabra que se traduce al español en KOIMO que significa Dormir y de TERION que indica Lugar. Es el lugar para dormir. El Cementerio significa el lugar del dormitorio, donde se duerme o donde se acuesta el bautizado a esperar la resurrección de los muertos-dormidos.

La mezcla entre religión, economía y poder en la Colonia fue tal que en la mentalidad colectiva de los pueblos se inculcaba que solamente, en los enterramiento en catedrales, monasterios e iglesias se garantizaba la salvación de las almas. Los pisos de las iglesias eran reutilizados como espacio de inhumación una y otra vez. Las iglesias cobraban los servicios funerarios según la cercanía al Presbiterio. En el atrio, en las afueras de la iglesia, se enterraban gratis los pobres de solemnidad. Además, se cobraba por el toque de campanas y el uso de las velas.

UN EJEMPLO. La Iglesia de La Candelaria abrió sus puertas a la feligresía en el año de 1703. La construcción se levanta a triple altura. Los muros son de tapia pisada de gran espesor. Al fondo de las tres naves se encuentra el altar mayor y dos altares laterales, todos bellísimos. Los servicios que prestaban los Agustinos Recoletos motivaron a numerosas familias a construir sus viviendas en las cercanías de la iglesia y desde, entonces, el sector comenzó a llamarse de La Candelaria.

Según estudios recientes * en el sub piso de la iglesia de La Candelaria se encontraron 102 cadáveres que fueron identificados de la siguiente manera: 14 adultos jóvenes, 6 adultos medios, 60 Adultos Mayores para un total de 80. Por otra parte en el campo de los Sub Adultos se localizaron 22 cadáveres, así: En estado fetal, 1; neonatos 7; infantes 4 y sub adultos 10 para un total de 22. Toda iglesia estaba dividida en cuatro segmentos para establecer el costo del entierro: El más costoso era ser enterrado cerca del Presbiterio; en el centro de la iglesia se pagaba la mitad; cerca de la entrada a la Iglesia se pagaba la mitad de la mitad y en el atrio por limosnas por estar destinado el sitio a los pobres de solemnidad.

El 15 de octubre de1827, Simón Bolívar decretó la prohibición de entierros en toda clase de templos y ordenó la construcción de un cementerio en los límites de Bogotá para evitar las epidemias. El Cementerio Central se inauguró en 1836 ofreciendo 200 bóvedas en alquiler por 10 años. La administración continuaba bajo la dirección de la iglesia católica hasta el 3 de enero de 1862 que pasó a las autoridades civiles para su funcionamiento hasta el día de hoy.

*Javier Rivera Sandoval. Universidad del Norte. 2004.
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