Las dos caras en BeckRTV: La demolición de la Torre Central del San Juan de Dios

Por fin el San Juan de Dios es viable, no más pleito, hay que avanzar y construir sobre lo construido El San Juan de Dios: un baluarte que puede profundizar lo público

Lucía Bastidas
Concejal de Bogotá

El Hospital San Juan de Dios es recordado por ser una gran institución de salud en Bogotá; sin embargo fue mal administrado, objeto de tomas, estuvo en medio de un conflicto laboral que resultó en familias de ex empleados que por años tomaron su sede como vivienda y su deterioro resultó ser muy grave en medio toda esta situación. Hoy, está cerca de prestar nuevamente un servicio de gran magnitud a la ciudad, gracias a una gestión que se adaptó a la reglamentación que lo hace viable.

Es necesario recordar que fue hasta el final de la administración del exalcalde Gustavo Petro, el 23 de diciembre de 2015, cuando se hizo la legalización de la compra del predio, lo cual resultó en parte irregular, pues de manera anticipada ya se habían invertido recursos sobre un terreno que no era propiedad de la ciudad, un asunto que ha sido cuestionado, pues este bien estaba en un conflicto entre el gobierno nacional y la Gobernación de Cundinamarca.

El gobierno anterior, recibió el San Juan de Dios en un estado deplorable, en ruinas y abandonado. Si bien, Gustavo Petro después de comprado el terreno del San Juan de Dios dejó 28 mil millones en recursos para su adecuación, resultaban insuficientes teniendo en cuenta el grado de deterioro que presentaba. Es importante aclarar que en el marco de su recuperación, fueron los estudios del Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP), los que determinaron que de todo el complejo hospitalario, la Torre Central, que estuvo por más de 17 años cerrada, no era apta para volver a funcionar, es inestable, no cuenta con condiciones de sismo resistencia, y por tal motivo, dentro del nuevo esquema se declaró conveniente su demolición. Además, según otro estudio de la Universidad de los Andes, este edificio tampoco cumple con las medidas actuales hospitalarias como para pensar en un reforzamiento estructural.

Realmente, fue en el gobierno de Enrique Peñalosa que se logró la aprobación en el Concejo de Bogotá de las vigencias futuras por $1.7 billones para la construcción de complejos hospitalarios en la ciudad. Y gracias a ello, el San Juan de Dios tendrá acciones concretas, ahora sí, pues se aprobaron más de 400 mil millones para su recuperación. Una mega obra pensada sobre 84.000 metros cuadrados que comprenden el hospital Santa Clara y un Centro de Atención Prioritaria en Salud (CAPS), donde habrá 46 consultorios y atención en 27 especialidades. Además siete salas de cirugía y le aportará a la ciudad 312 camas nuevas, distribuidas de esta forma: 136 para medicina interna, 119 para cirugía, además de 35 para cuidados intensivos, 22 para cuidados intermedios de adultos y 50 camillas de urgencia.

Y, si hablamos de la población beneficiada, van a ser más de 360 mil ciudadanos, de seis localidades vulnerables: San Cristóbal, La Candelaria, Los Mártires, Santafé, Antonio Nariño y Rafael Uribe Uribe, los cobijados con este proyecto. Ya, durante el cuatrienio pasado, se comenzó a avanzar, en octubre de 2016 se inauguró el CAPS Santa Clara, que funciona en el Bloque de Urgencias o Edificio Quirúrgico, con servicios de: medicina interna, neumología, fisiatría, nutrición, reumatología, medicina general, neurología, urología, endocrinología, toxicología, hematología, neurocirugía, ginecología, consulta programa VIH, asesorías pre y postest, cirugía de tórax, cirugía general, cirugía vascular periférica y ortopedia. Se logró atender más de 14 mil ciudadanos anualmente y que hoy es y seguirá siendo una institución pública.

En lugar de retroceder la visión debe ser Construir sobre lo Construido, ya existe un plan de ejecución que solo nos resultará en continuar ampliando el sistema de salud. No podemos seguir en el sueño nostálgico de lo que fue hace 20 años o sumidos en un conflicto, y buscando demoras a través de demandas buscando frenar los proyectos. Hay que firmar el acta de inicio todo el proyecto está en el marco de la ley y solo nos queda avanzar y cumplirle a los ciudadanos.

 

Diego Cancino
Concejal de Bogotá

En Julio de 2000 entré pletórico a la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad pública que ha generado tanto orgullo a este país, la universidad que vive y palpita ciudadanía y lo público, la universidad que transpira democracia y deliberación crítica…la universidad que cambió y brindó sentido a mi vida.
La U.N. y Bogotá tenía y puede tener un baluarte, en sentido estricto del término: el Hospital San Juan de Dios. El hospital público por excelencia de nuestra ciudad, del país y de nuestra Universidad Nacional. El San Juan de Dios fue fundado en 1723 sin embargo, desde 1564 atendía a esclavos en libertad y a indígenas. Es un símbolo de la medicina y de los y las estudiantes de medicina de nuestro país.
Este referente simbólico tiene un sustento legal contundente: la Ley 735 de 2002 declaró como Patrimonio Cultural de la Nación y monumento nacional al San Juan de Dios. De esta manera, se reconocen los grandes aportes a la historia de nuestro país de esta institución y su valor patrimonial o arquitectónico, las valores que ha transmitido y los significados que ha creado. A su vez, le ordena al gobierno nacional desarrollar obras de “remodelación, restauración y conservación del monumento nacional Hospital San Juan de Dios”
Legalmente, históricamente, arquitectónicamente y simbólicamente es un baluarte, un referente que nos convoca y ese referente no es de poca monta. Este tipo de imaginarios colectivos tejen nuestra vida cotidiana, generan orgullo frente a la ciudad y construyen significados que aumentan la confianza en la ciudad. Demoler este hito urbano, es doloroso y resquebraja el capital social. Cultura ciudadana es también, construir significados compartidos para impulsar una visión compartida de ciudad y en esa tarea el San Juan de Dios puede jugar un papel fundamental. No solo estamos hablando de un cúmulo de cemento, estamos hablando de una obra de arte, de un tesoro arquitectónico y de resistencias históricas frente a la muerte, y una lucha por la vida y por lo público. Debemos tratar de rescatar y restaurar cada aspecto y obra que signifique un valor histórico que construye ciudad. A su vez, restaurar el San Juan de Dios según varios cálculos reduce costos y reduce los tiempos de entrega de este hospital, cuestión que en estas épocas de COVID se torna fundamental.
Termino con una historia, guardando las proporciones: cuando viví en Florencia en mi infancia, epicentro del Renacimiento, había una discusión álgida ¿“Rompemos” la plaza del Palazzo Vecchio o no?  Existe la posibilidad de encontrar joyas arquitectónicas ¿lo hacemos o no? La decisión a favor implicaba altos costos económicos, incomodidades para la ciudadanía y resultados inciertos. La ciudad decidió “romper” la plaza que fue la plaza de los comunes donde creció Dante Alighieri.  Los tesoros que encontraron fueron invaluables en términos históricos, artísticos y arquitectónicos. Fue un gran acierto haber tomado esa decisión.  No perdamos la oportunidad de restaurar un tesoro de la ciudad. No acabemos con nuestro patrimonio histórico que nos inspira y que es un legado para las futuras generaciones. Larga vida al San Juan

 

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